Componer con la divina proporción de la regla de los tercios

La divina proporción

El Partenón, el ADN, los paquetes de tabaco, las tarjetas de crédito, las colmenas de abejas, las caracolas, los tornados, el cuerpo humano, las semillas del girasol, la economía,… existen tantos lugares en los que encontrar la proporción áurea que, como decían en Magnolia : “esto no puede ser una de esas cosas, esto no puede ser sólo una cuestión de azar”.

La proporción áurea ha mareado a los filósofos desde los inicios de la civilización. El resultado matemático de dividir la base por la altura de la sección áurea se representa con el llamado número de oro, la letra griega Phi (φ), inicial del escultor Phidias, que corresponde a 1,61803398749

Número áureo

Una recta está dividida en extrema y media razón cuando la recta es al segmento mayor lo que éste es al menor.

La sucesión de Fibonacci

Dentro de la geometría del rectángulo áureo encontramos la famosa espiral de Fibonacci, que corresponde a una infinita sucesión de números cuyas cifras se forman por la suma de los dos números anteriores y cuya división de cualquier cifra de la sucesión por el número anterior, dará como resultado la aproximación de φ.

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1.597, 2.584, 4.181, 6.765, 10.946, 17.711, 28.657…

La espiral de Fibonacci

El diseño divino

Esta espiral de Fibonacci es un elemento de la naturaleza que provoca en nuestros sentidos una sensación de orden y belleza. Incluso, para algunos, tal y cómo explicaban en la ópera prima de Darren Aronofsky, este número es Dios. Por lo tanto, es un elemento a tener muy en cuenta a la hora de diseñar y encuadrar cualquier plano. Evidentemente, no se trata de razones religiosas, sino de lograr que el espectador esté más cómodo con la imagen y entienda mejor la composición así como su significado.

Hay que tener en cuenta que no hay ningún formato de vídeo que cumpla escrupulosamente con la proporción del rectángulo áureo, cuya división de la horizontal por la vertical debería resultar φ. Aún así, la espiral de Fibonacci se utiliza para equilibrar la imagen colocando los puntos más representativos o más importantes en el centro de la espiral.

La regla de los tercios

Claro que, ¿de qué manera colocas la espiral de Fibonacci en un rectángulo? Efectivamente, hay cuatro maneras de ubicarla. Cuatro maneras que nos descubren los puntos fuertes de toda imagen y sacan a relucir la famosa regla de los tercios.

La regla de los tercios ayuda a distribuir el espacio para generar atracción hacia los posibles centros de interés. Consiste en colocar dos líneas verticales que dividan la el cuadro en tres partes iguales y otras dos líneas horizontales que fraccionen todo el contenido en nueve rectángulos uniformes. Los cuatro puntos de unión de las líneas verticales con las horizontales nos ayudarán a elegir los lugares que llamarán más la atención del espectador.

Gracias a esta regla de los tercios se crea una sensación de equilibrio en el plano que adquiere interés y gana en profundidad.

Ley de los tercios

Cómo elegir los puntos de interés

Nos ayudaremos de esta regla cada vez que retratemos a un individuo, colocándolo en una de las dos líneas verticales y no en el centro y dejando libre la otra línea vertical hacia la que mira el individuo. Esto se llama dejar aire.

Si tienes, por ejemplo, dos centros de interés, lo recomendable es ubicarlos de manera diagonal.

También puede que quieras utilizar uno de estos puntos para generar perspectiva usándolo como punto de fuga con diagonales que desemboquen en él.

Regla del horizonte

La regla de los tercios también nos ayudará a establecer la posición del horizonte de la imagen. Generalmente, deberemos ubicarlo en una de las dos líneas horizontales de nuestra regla de tercios.

Si lo colocamos en la franja superior, daremos mayor importancia a lo terrenal y fijaremos la atención en los dos tercios inferiores. Si colocamos el horizonte en la franja inferior, la parte superior cobrará mayor relevancia (el cielo, lo espiritual, la libertad,…) y podrá guiarnos hacia algún elemento situado en cualquiera de los cuatro puntos de la regla de los tercios.

Esta norma puede servirnos en algunos casos, pero existen multitud de otras opciones que pueden generar sentimientos en el espectador. Por ejemplo, ubicar el horizonte en una línea oblicua genera inestabilidad o colocarlo en mitad de la imagen nos podría transportar a un universo de equivalencias.

¿Hay otras opciones?

La regla de los tercios es una norma más de las múltiples que pueden ayudar a encuadrar un plano. No es de obligatorio cumplimiento ni siempre es la mejor opción de encuadre. Dependerá del equilibrio que se quiera transmitir y de muchas otras condiciones pero es importante conocerla y saber aplicarla. Se trata de una regla que acaba utilizándose de manera intuitiva.

Y un vídeo

Dicen que una cruz indica el lugar del tesoro. En este caso, cuatro cruces que dividen la pantalla en nueve partes iguales. Y, para explicar cómo encontrar tan valiosa norma de encuadre, hemos traído a Harrison Ford. Puede que Harrison Ford sea un experto en la regla de los tercios o que la desconozca por completo. Puede que esté muy interesado en el tema o que le dé completamente igual. Lo que está claro es que sus películas, como muchas de la industria de Hollywood, cumplen con ella.

En este vídeo, tomaremos de referencia la carrera cinematográfica de Harrison Ford para descubrir lo común que es esta regla. Hay que tener en cuenta que los operadores de cámara la utilizan de manera automática, no con regla y cartabón. Es un hábito adquirido por el ojo de los directores de fotografía.

Para descubrir la importancia de esta regla, prestad atención a la colocación de los personajes, dónde se dejan los espacios vacíos y en que puntos colocan los objetos de mayor importancia en la narración. Además, es interesante ver el uso de las dos líneas horizontales para ubicar el horizonte del plano, así como los movimientos de uno de los cuatro puntos de atención, al opuesto.

Sobre el autor:

Narrador de historias. Observador compulsivo de cine. Aprendiz.