Del punto a la línea: componer desde el principio

Al principio sólo había un punto. Un punto que simbolizaba la existencia, el todo, y la dualidad con lo que no era aquel punto, lo inexistente. Así comienzan las escrituras místicas denominando a tal punto Dios o luz y, al resto, tinieblas u oscuridad. Los tratados científicos lo llamarían Big Bang y, al opuesto, la nada, la misma nada que devoraba el mundo de La historia interminable. Así comienza nuestra percepción del universo y el concepto más básico del diseño: el punto.

El punto es el principio con el que se diseña el mundo. Puntos agrupados que forman figuras. Puntos grandes y pequeños. Puntos separados que se abrazan con líneas imaginarias en nuestras mentes. El punto es la unidad mínima que compone todos los elementos del diseño.

Dejando a un lado las connotaciones técnicas de los píxeles o de los puntos de impresión, existe un ámbito semántico. De manera abstracta, toda imagen tiene puntos de atención que fijan nuestra mirada y dotan de significado. Localizar esos puntos es de vital importancia a la hora de encuadrar.

Los puntos de atención

Volvamos al principio. Imaginemos que tenemos una fotografía general de un pato. Sin nada alrededor. Sería imposible, simplemente el recuadro en el que colocásemos a ese pato ya ofrecería otro elemento en la imagen, pero imaginémoslo. El punto de atención sería el pato. En el momento que ubicásemos a ese pato en una enorme superficie de agua, el punto de atención seguiría siendo el pato, puesto que sería el único elemento dispar. El agua remarcaría la identidad del ave, pero no tendría protagonismo. ¿Y si añadimos un cazador? A partir de ahí tendríamos dos puntos de atención. Dependiendo de dónde ubicásemos al cazador y a su presa, daríamos un significado u otro a nuestra instantánea.

Si el cazador se encontrase en la esquina derecha inferior de la imagen, es posible que nuestra atención se fijase primero en el pato y, después, en que va a ser cazado. De otra forma, si el cazador tuviese una presencia mayor en la imagen colocándolo a la izquierda, por ejemplo, el encuadre narraría un cazador que ha avistado un pato al que cazar. Este ejemplo se basaría en que la lectura occidental es de izquierda a derecha. No es así en todas las culturas y existen muchas otras maneras de resaltar puntos de atención.

En el primer caso, tenemos a un pato que protagoniza nuestra historia y que se encuentra en apuros. ¿Sobrevivirá? ¿Se dará cuenta del riesgo? ¿Estará su especie en peligro de extinción? ¿Tendrá crías que alimentar? En el segundo caso nuestro despiadado cazador cobra protagonismo. ¿Apuntará bien? ¿Será lo suficientemente silencioso como para no alertar al animal? ¿Habrá personas esperando su caza para poder comer? Ambas versiones son muy distintas y se basan en puntos de atención en el encuadre.

Del punto a la línea

Retomemos desde el principio. El primer punto debe ser aquello que el espectador identifique al instante cuando ve el plano. La historia partirá de ahí. De ese punto que al momento de ver la imagen capta la atención del que la mira. Para destacar este primer punto habrá que utilizar técnicas de percepción, la teoría de los tercios o muchas otras teorías que resalten nuestro principal objeto semántico del resto de elementos.

En el momento en el que aparece un segundo punto de atención, el cazador, se establece una línea mental que une ambos elementos. Siempre que aparece un segundo punto se establece el segundo elemento vital, la línea. La línea recta que une dos puntos. El elemento más sencillo y complejo semánticamente. Una línea que establece una dirección y que será comparada con otras líneas. Las líneas otorgan perspectiva, formas y tamaños. Las líneas tienen direcciones y nos facilitan la lectura de cualquier imagen. Todo lo que se encuentre en esa línea tendrá una relevancia mayor en la imagen, puesto que el espectador la recorrerá sin darse cuenta. Si incluimos unos arbustos entre el pato y el cazador, esos arbustos cobrarán un protagonismo. ¿Estará bien escondido el cazador tras ese arbusto? ¿Habrá visto el cazador a su presa con un arbusto entre ellos?

Cuantos más puntos de atención tengamos en una imagen, más compleja se vuelve y más difícil de leer. Su lectura llevará más tiempo y se corre el riesgo de no transmitir el mensaje.

Las líneas establecen el recorrido de lectura

Pero la correlación entre puntos de atención puede ayudarnos a guiar al lector. Depende de cómo ubiquemos esos puntos de atención secundarios podremos reforzar nuestro mensaje. Fondos fuera de foco, perspectiva marcada con líneas de fuga, la línea del horizonte, las líneas de la mirada, el color, el movimiento del plano… Los elementos externos a nuestro mensaje pueden utilizarse para remarcar el mismo.

Entrevistar a una persona utilizando de fondo una estantería puede ayudar a que la única figura no lineal destaque ante las líneas creadas por baldas y libros. A su vez nos informará del ambiente en el que respira nuestro personaje. Un viajero caminando por un camino cuyos laterales nacen de los vértices inferiores de nuestro encuadre, remarca la idea de viajero y, sus laterales, nos señalan con exactitud la posición del protagonista. Por lo tanto, nuestra mirada nos llevará primero al viajero y, después, repasaremos el camino.
Las líneas reales o mentales de toda imagen ayudan a la comprensión.

Como práctica para aprender a utilizar estas líneas es interesante analizar los carteles publicitarios. El primer vistazo a todo buen cartel publicitario señala un punto concreto. Después, el espectador realizará un recorrido por los puntos secundarios, siguiendo líneas mentales generadas por distintos estímulos visuales que informarán de aquello que el anunciante venda. Este viaje no es fruto del azar, o no debería serlo.

En el siguiente vídeo, utilizando como excusa las películas de Natalie Portman, podéis comprobar cómo estas líneas siempre están en el encuadre, aunque sea de forma inconsciente, para resaltar aquellos elementos de mayor relevancia en la narrativa.

A la hora de realizar cualquier plano, la primera pregunta es: ¿cuál es el mensaje? ¿qué vas a contar? Identifica tu protagonista como el punto principal de tu imagen y localiza los elementos secundarios. Cada plano es una frase. No pierdas la oportunidad de redactarla bien.

Sobre el autor:

Narrador de historias. Observador compulsivo de cine. Aprendiz.